Videole

Del correo reenviado al sketch de un minuto

Ordenador de sobremesa antiguo con monitor de tubo que muestra una ventana de vídeo pequeña, junto a un módem, un ratón de bola y una pila de discos compactos

El vídeo de humor en internet empezó como un adjunto que tardaba en bajar. Hoy es un género con sus propias reglas, sus formatos y su gente.

Antes de internet: la tele y el vídeo doméstico

La afición por ver a otros meterse en líos grabada en vídeo viene de antes de internet. En cuanto las cámaras domésticas se hicieron comunes, aparecieron en la televisión los programas de vídeos caseros: tartas que se caen, novios que tropiezan, niños que dicen lo que no deben en el peor momento. La fórmula era sencilla y funcionaba. Nadie lo había preparado; por eso hacía gracia.

El adjunto del correo

Con las primeras conexiones a internet en casa y en la oficina llegó el vídeo reenviado. Alguien recibía un archivo pequeño, de calidad muy pobre, lo abría con paciencia y lo mandaba a toda su lista de contactos con un «jajaja, mira esto» en el asunto. Las cadenas de correo llevaban de todo: anuncios extranjeros raros, fragmentos de programas, caídas, animales.

Aquellos vídeos tenían algo curioso. Nadie sabía de dónde salían. Pasaban de buzón en buzón sin autor, y cuando uno llegaba por tercera vez de tres personas distintas ya se sabía que era un éxito.

Las primeras webs de vídeos

Después aparecieron páginas que recopilaban esos vídeos y los colgaban para verlos sin descargar nada. Luego llegaron las grandes plataformas, donde cualquiera podía subir lo suyo. Eso cambió el género por completo: el vídeo empezó a tener autor, y el autor empezó a pensar en el siguiente.

Fue la época de los primeros sketches hechos en casa para internet. Cámara fija, una habitación, uno o dos amigos haciendo varios papeles con una peluca. Muchos tenían más ganas que medios, y algunos tenían mucha gracia.

El móvil lo cambia todo

Con la cámara en el bolsillo y la mensajería instantánea, el vídeo de humor se fue a vivir al móvil. El grupo de la familia, el del trabajo y el de los amigos del pueblo se convirtieron en los grandes canales de difusión. Un vídeo podía recorrer el país en una mañana sin pasar por ninguna web.

Y el formato se encogió. Para verse en el móvil, de pie en el metro, un vídeo tiene que ser corto, entenderse sin sonido o con poco, y enganchar desde el primer segundo.

El sketch vertical

El formato actual es el vídeo vertical de menos de un minuto, pensado para verse en una aplicación que pasa al siguiente si te aburres. Los sketches son ahora muy cortos, con personajes fijos que vuelven en cada vídeo, y muchas veces una sola persona hace todos los papeles cambiando de ropa o de voz.

Ha ganado el humor costumbrista, el que se ríe de situaciones de la vida diaria: la reunión de vecinos, la conversación con la abuela, el compañero que contesta «ok» a todo. Es el mismo humor de los vídeos de antes, más pensado y mucho más corto.

Lo que no ha cambiado es la manera de compartirlo. Se sigue mandando con un «mira esto» y se sigue esperando la respuesta, que ahora es un emoticono llorando de risa. En por qué hace gracia un vídeo se cuenta qué tienen en común los que funcionan.

También en esta web: Por qué hace gracia un vídeo de humor